TIEMPO ORDINARIO
MAYO DE 2018

tamaño: A A A  
SÁBADO DE LA SEMANA VII
Del Común vírgenes. Salterio III

26 de mayo

SANTA MARIANA DE JESÚS PAREDES, virgen. (MEMORIA).

OFICIO DE LECTURA

INVITATORIO


Si ésta es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:
 
Ant. Venid, adoremos al Cordero, al Esposo acompañado por el cortejo de vírgenes.

Si antes se ha rezado ya alguna otra Hora:
 
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.



Himno: ESTA MUJER NO QUISO

Esta mujer no quiso
tomar varón ni darle su ternura,
selló su compromiso
con otro amor que dura
sobre el amor de toda criatura.

Y tanto se apresura
a zaga de la huella del Amado,
que en él se transfigura,
y el cuerpo anonadado
ya está por el amor resucitado.

Aquí la Iglesia canta
la condición futura de la historia,
y el cuerpo se adelanta
en esta humilde gloria
a la consumación de su victoria.

Mirad los regocijos
de la que por estéril sollozaba
y se llenó de hijos,
porque el Señor miraba
la pequeñez humilde de su esclava. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.

Salmo 106 I - ACCIÓN DE GRACIAS: DIOS SALVA A SU PUEBLO DE LAS CRISIS POR LAS QUE PASA A TRAVÉS DE LA HISTORIA

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Que lo confiesen los redimidos por el Señor,
los que él rescató de la mano del enemigo,
los que reunió de todos los países:
norte y sur, oriente y occidente.

Erraban por un desierto solitario,
no encontraban el camino de ciudad habitada;
pasaban hambre y sed,
se les iba agotando la vida;
pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.

Los guió por un camino derecho,
para que llegaran a ciudad habitada.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.
Calmó el ansia de los sedientos,
y a los hambrientos los colmó de bienes.

Yacían en oscuridad y tinieblas,
cautivos de hierros y miserias;
por haberse rebelado contra los mandamientos,
despreciando el plan del Altísimo.

Él humilló su corazón con trabajos,
sucumbían y nadie los socorría.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.

Los sacó de las sombrías tinieblas,
arrancó sus cadenas.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.
Destrozó las puertas de bronce,
quebró los cerrojos de hierro.

Estaban enfermos, por sus maldades,
por sus culpas eran afligidos;
aborrecían todos los manjares,
y ya tocaban las puertas de la muerte.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.

Envió su palabra, para curarlos,
para salvarlos de la perdición.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.
Ofrézcanle sacrificios de alabanza,
y cuenten con entusiasmo sus acciones.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.

Ant 2. Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas.

Salmo 106 II

Entraron en naves por el mar,
comerciando por las aguas inmensas.
Contemplaron las obras de Dios,
sus maravillas en el océano.

Él habló y levantó un viento tormentoso,
que alzaba las olas a lo alto:
subían al cielo, bajaban al abismo,
su vida se marchitaba por el mareo,
rodaban, se tambaleaban como ebrios,
y no les valía su pericia.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.

Apaciguó la tormenta en suave brisa,
y enmudecieron las olas del mar.
Se alegraron de aquella bonanza,
y él los condujo al ansiado puerto.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.

Aclámenlo en la asamblea del pueblo,
alábenlo en el consejo de los ancianos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas.

Ant 3. Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor.

Salmo 106 III

El transforma los ríos en desierto,
los manantiales de agua en aridez;
la tierra fértil en marismas,
por la depravación de sus habitantes.

Transforma el desierto en estanques,
el erial en manantiales de agua.
Coloca allí a los hambrientos,
y fundan una ciudad para habitar.

Siembran campos, plantan huertos,
recogen cosechas.
Los bendice, y se multiplican,
y no les escatima el ganado.

Si menguan, abatidos por el peso
de infortunios y desgracias,
el mismo que arroja desprecio sobre los príncipes
y los descarría por una soledad sin caminos
levanta a los pobres de la miseria
y multiplica sus familias como rebaños.

Los rectos lo ven y se alegran,
a la maldad se le tapa la boca.
El que sea sabio, que recoja estos hechos
y comprenda la misericordia del Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor.

V. Tu fidelidad, Señor, llega hasta las nubes.
R. Tus sentencias son como el océano inmenso.


PRIMERA LECTURA

De la segunda carta a los Corintios 6, 1-7, 1

TRIBULACIONES DE PABLO Y EXHORTACIÓN A LA SANTIDAD

Hermanos: Continuando ahora nuestra colaboración con Dios, os exhortamos a que deis pruebas de no haber recibido en vano su gracia, pues dice él en la Escritura: «En el tiempo propicio te escuché, y te ayudé en el día de salvación.» Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de salvación.

A nadie queremos dar nunca motivo de escándalo, a fin de no hacer caer en descrédito nuestro ministerio, antes al contrario, queremos acreditarnos siempre en todo como verdaderos servidores de Dios: por nuestra mucha constancia en las tribulaciones, necesidades y angustias; en los azotes, prisiones y tumultos; en las fatigas, desvelos y ayunos; con pureza de alma, sabiduría y paciencia; con bondad en el Espíritu Santo y caridad sincera; con la palabra de verdad y con el poder de Dios; con las armas ofensivas y defensivas de la justificación; en medio de honores o de deshonras; con buena o mala reputación; ya sea que nos tengan por impostores, siendo veraces; o por gente desconocida, siendo como somos de sobra conocidos; o como hombres a punto de morir, y he aquí que estamos bien vivos; o como indeseables condenados al castigo, cuando es verdad que escapamos a la muerte; o como gente triste, aunque estamos siempre alegres; por mendigos, aun cuando enriquecemos a muchos; o por gente que nada tiene, cuando en realidad todo lo poseemos.

¡Corintios!, os hablamos con toda sinceridad. Nuestro corazón está abierto de par en par y se dilata de amor por vosotros. Hay mucho sitio en él para vosotros, mientras en el vuestro no hay lugar para nosotros. ¡Pagadnos con la misma moneda -como a hijos que sois os hablo-, dilatad también vuestro corazón!

No viváis uncidos en yunta desigual con los infieles. ¿Qué tiene que ver la justificación con la impiedad? ¿Qué hay de común entre la luz y las tinieblas? ¿Qué armonía entre Cristo y Belial? ¿Qué parte tiene el fiel con el infiel? ¿Cómo podríais asociar a los ídolos con el templo de Dios? Y mirad, nosotros somos templo de Dios vivo, como dijo Dios: «Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo mismo, salid de entre ellos y apartaos. No toquéis cosa inmunda y yo os acogeré, y seré vuestro Padre y vosotros seréis mis hijos e hijas. Lo dice el Señor omnipotente.»

Así pues, hermanos, estando en posesión de estas promesas, purifiquémonos de toda mancha de cuerpo y espíritu, y vayamos realizando el ideal de la santidad en el temor de Dios.

RESPONSORIO    2Co 6, 14. 16; 1Co 3, 16

R. ¿Qué tiene que ver la justificación con la impiedad? ¿Cómo podríais asociar a los ídolos con el templo de Dios? * Nosotros somos templo de Dios vivo.
V. ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?
R. Nosotros somos templo de Dios vivo.

SEGUNDA LECTURA

De la homilía del Papa Pío XII en la canonización de santa Mariana de Jesús
(9 de junio de 1950).

NO SÓLO BUSCABA SU PROPIA SANTIFICACIÓN, SINO LA SALVACIÓN DEL PRÓJIMO

Repasando la vida de esta virgen angelical, a quien hoy elevamos al honor de los altares, nos parece oportuno proponernos estos puntos de reflexión: su inmaculado candor, las ásperas penitencias a que sometió su cuerpo para ofrendarlo como víctima al Señor, su caridad infatigable hacía toda clase de miserias.

Conservó la virginidad por inspiración de Dios y con la ayuda de su gracia; apenas contaba diez años, cuando, con el consentimiento de su director espiritual, emitió sus votos privados, consagrándose al divino Esposo. Más que una niña, parecía un ángel por su dedicación a los ejercicios de piedad, por su asidua oración, por su meditación y ejercicio de la penitencia. No todos entienden, en los tiempos que nos alcanzan, este rigor de vida; no todos lo aprecian en su justo valor. Muchos, más bien, lo desprecian. Pero hemos de recordar que después de la culpa de Adán, cuya herencia todos llevamos, se torna indispensable para todos la penitencia. Ella tiene su dulzura propia, conforme lo experimentó Mariana de Jesús, siendo transportada en celestes arrobamientos cuando afligía su cuerpo con los rigores de la penitencia, pregustando con frecuencia las delicias celestiales. Con un tal género de vida y con la gracia del cielo, no sólo buscaba su propia santificación, sino en cuanto le era posible, la salvación del prójimo. En efecto, habiendo intentado viajar a remotas tierras a evangelizar a los paganos, a cuantos encontraba exhortaba con su palabra y ejemplo a las virtudes cristianas y a entrar o perseverar en el recto camino.

Socorría con generosidad las miserias de los indigentes; cuidaba a los enfermos con ternura. En tiempo de calamidades para sus conciudadanos, ofrendó su vida para implorar clemencia al Padre de las misericordias. Aquí tenéis, en síntesis, la imagen de esta santa virgen, propuesta a vuestra consideración. Contempladla, para que os asombréis y procuréis esforzaros, cada uno en vuestro propio estado, en su imitación. Hágalo en especial la juventud entusiasta, rodeada hoy de tantos y tan graves peligros. Aprenda de ella, a luchar con ahínco y a resistir con fortaleza las seducciones del mal, antes que mancillar sus almas. Principalmente el amadísimo pueblo ecuatoriano emule las glorias de sus mayores y, con el auxilio y el patrocinio de santa Mariana de Jesús Paredes, ofrezca a la Iglesia nuevos ejemplos de santidad y de virtud.

RESPONSORIO    Sal 40, 12-13; Rm 12, 1

R. En esto conozco que me amas, Señor, en que * has conservado mi inocencia y no has permitido que mi enemigo triunfe sobre mí.
V. Presentad vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios.
R. Has conservado mi inocencia y no has permitido que mi enemigo triunfe de mí.

ORACIÓN.

OREMOS,
Padre de bondad, que hiciste florecer también en tierra americana la gloria de la santidad en la virgen santa Mariana de Jesús, concede a estos pueblos imitar su celo por el Evangelio y dar vivo testimonio de fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.